"Todas mis parejas terminan pareciéndose" es algo que escucho más de lo que uno pensaría. Y aunque en el momento parece mala suerte, casi siempre hay un patrón detrás — no consciente, no elegido a propósito, pero real.

Solemos sentirnos atraídas por lo que nos resulta familiar, aunque esa familiaridad venga de algo que nos dolió. Si de pequeña una figura importante fue ausente, exigente o difícil de complacer, es frecuente buscar — sin saberlo — parejas que reproducen esa misma dinámica, con la esperanza inconsciente de conseguir esta vez lo que no conseguiste entonces.

No es que "busques que te hagan daño". Es que ese tipo de vínculo, aunque duela, se siente conocido, y lo conocido — aunque sea doloroso — puede sentirse más seguro que lo desconocido.

Romper este patrón no consiste en "elegir mejor" la próxima vez desde la fuerza de voluntad. Consiste en trabajar la herida original que sigue guiando esas elecciones sin que te des cuenta.

¿Te sientes identificada con esto? Hablemos, sin compromiso.

Escríbeme