El agotamiento emocional casi nunca llega de golpe. Se va acumulando en silencio, sesión tras sesión de "puedo con esto", hasta que un día ya no tienes espacio ni para las cosas que antes disfrutabas.
Suelo verlo en mujeres que sostienen mucho: la casa, la pareja, los hijos, el trabajo, y a veces también a su familia de origen. Dar se ha convertido en automático, y parar se siente casi como un fallo.
Lo primero que trabajamos no es "cómo descansar más" — eso suele ser lo último. Lo primero es entender por qué cuesta tanto parar, por qué necesitas sentirte necesitada o útil para sentir que tienes un lugar. Muchas veces esa necesidad viene de mucho antes, de haber aprendido que solo se te veía cuando dabas algo a cambio.
Si te sientes agotada y no sabes bien por qué, no es que no aguantes lo suficiente. Es que llevas sosteniendo demasiado, durante demasiado tiempo, sin que nadie te preguntara cómo estabas tú.
¿Te sientes identificada con esto? Hablemos, sin compromiso.
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