"Sé que no me convenía, pero no dejo de pensar en volver" — es una de las frases que más escucho después de una ruptura. Y no tiene que ver con falta de voluntad para pasar página. Tiene que ver con cómo el vínculo se instaló, y con qué necesidad venía a cubrir.
Muchas veces idealizamos lo que tuvimos porque, en el fondo, nos cuesta aceptar que esa relación no daba lo que necesitábamos. Es más fácil sostener la fantasía de que "si volviéramos, esta vez sería distinto" que aceptar el duelo real de lo que nunca terminó de funcionar.
Estas disonancias — saber una cosa racionalmente y sentir otra completamente distinta — no se resuelven solo con tiempo. Se resuelven entendiendo qué buscabas en esa relación, qué necesidad intentabas cubrir con esa persona, y trabajando esa necesidad directamente, no solo el recuerdo de él o ella.
No superar a un ex no es un fracaso personal. Es una señal de que hay algo más para trabajar debajo de esa relación.
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