Cuando hablamos de autoestima, solemos pensar que el problema es no querernos lo suficiente. Pero en consulta veo algo distinto con más frecuencia: no es que no te quieras, es que llevas dentro una voz muy exigente que aprendiste en algún momento, casi siempre en la infancia, y que ahora confundes con tu propia opinión sobre ti misma.
Esa voz suele parecerse mucho a la de alguien importante de tu pasado — una madre crítica, un entorno donde el cariño llegaba condicionado a hacerlo todo bien. Con el tiempo, la interiorizaste tanto que ya no la reconoces como ajena. Simplemente "eres así de exigente contigo misma".
Mejorar la autoestima siendo adulta no consiste en repetirte que eres suficiente hasta creerlo. Consiste en identificar esa voz, entender de dónde viene, y aprender poco a poco a responderle con algo más amable y realista — no de golpe, sino con práctica sostenida.
Si te reconoces en esto, no estás rota ni exagerando. Es un patrón aprendido, y lo que se aprendió se puede trabajar.
¿Te sientes identificada con esto? Hablemos, sin compromiso.
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